sábado, 15 de enero de 2011

Por las noches.


Resulta que la inspiración ya no está de nuestra parte. Además de abandonarnos de la manera más baja posible nos ha dejado como recuerdo el hastío, la apatía y el remordimiento. La conciencia ya no está sola y ejercer el autoengaño sigue siendo lo primero que se da cada día al despertarte, si es que esa noche has podido dormir algo. 

La noche ahora se compone de ganas de llorar y no poder, de sudores fríos, de calor infernal y de soledad inerte.
Pero bien es sabido el engaño que no tiene descanso y que sólo se engendra en nuestra cabeza. En tu cabeza. 
Ya no nos importa perder el tiempo, si es que alguna vez lo hemos tenido, ya no nos importa sentirnos infinitamente inútiles, porque ya convivimos con ello. Ya no nos importa nada aunque nada sea el mundo y el mundo seas tú mismo y los cuatro o cinco actores que han decidido jugar un papel en él. 
Es triste. Pero más triste es saber que es realmente así y que a pesar de todo sigas creyendo en ello. 
Ni nuestro mundo, ni nuestras noches de lucha contra las sábanas valen ya nada.

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