domingo, 23 de enero de 2011
Alphaville.
El amor según Jean-Luc Godard
miércoles, 19 de enero de 2011
La culpabilidad es necesaria.
La acción es culpa y es delito. Es culpa subjetiva porque con la acción se abandona aquella certeza simple de estar identificado con la verdad objetiva de las leyes y costumbres. Por la acción se distingue uno necesariamente de la realidad. Por eso mismo la acción es también delito objetivo porque se atenta, con la acción, contra la ley. Al identificarse con una ley se renuncia a la otra y se la infringe. Esa culpabilidad es necesaria. Ni tan siquiera el niño se libra de ella. Solamente se libraría el que permaneciera inactivo como una piedra. Esta culpabilidad no es algo extrínseco, algo que pudiera o no combinarse con la acción:
"El obrar es él mismo ese desdoblamiento que consiste en ponerse para sí y en poner frente a eso una realidad exterior extraña"
Consiste simplemente en esa oposición que acompaña siempre a la acción. La conciencia humana y su acción separan al hombre de su mundo, lo objetivan, se oponen. Es la oposición necesaria entre subjetividad y objetividad como -culpa- . Esto plantea problemas porque parece convertir en fatal la culpabilidad.
sábado, 15 de enero de 2011
Por las noches.

Resulta que la inspiración ya no está de nuestra parte. Además de abandonarnos de la manera más baja posible nos ha dejado como recuerdo el hastío, la apatía y el remordimiento. La conciencia ya no está sola y ejercer el autoengaño sigue siendo lo primero que se da cada día al despertarte, si es que esa noche has podido dormir algo.
La noche ahora se compone de ganas de llorar y no poder, de sudores fríos, de calor infernal y de soledad inerte.
Pero bien es sabido el engaño que no tiene descanso y que sólo se engendra en nuestra cabeza. En tu cabeza.
Ya no nos importa perder el tiempo, si es que alguna vez lo hemos tenido, ya no nos importa sentirnos infinitamente inútiles, porque ya convivimos con ello. Ya no nos importa nada aunque nada sea el mundo y el mundo seas tú mismo y los cuatro o cinco actores que han decidido jugar un papel en él.
Es triste. Pero más triste es saber que es realmente así y que a pesar de todo sigas creyendo en ello.
Ni nuestro mundo, ni nuestras noches de lucha contra las sábanas valen ya nada.
Hegel.Existencialismo moderno.
El mundo ético era un mundo real al cual faltaba la conciencia personal. Esa conciencia emergió pero perdió toda la realidad y con ello se pierde a sí misma. Se experimenta ahora como la conciencia desgraciada que tiene su esencia más allá de ella misma. Como sea que estemos en figuras sociales o históricas y no en figuras de conciencia meramente individuales, como era el caso de la conciencia desgraciada, la realidad esencial se presenta aquí como realidad social. Una realidad, sin embargo, extraña al sujeto. El hombre se sentirá ahora alienado, teniendo su esencia fuera de sí y todo su anhelo será el poder unirse a esa esencia para salvarse. Hegel nos va a decir que el espíritu, o sea, la realidad social institucionalizada, se encuentra extrañada respecto del sí mismo. Un mundo social extraño al sujeto pero que es, a su vez, la esencia de se sujeto, a la cual debe unirse para realizarse. Ese mundo social se dividirá también a su vez y dará lugar al mundo de la cultura y de la fe. Estamos ya en la sociedad cristiana, esencialmente divinidad y desventurada.
martes, 11 de enero de 2011
Antonin Artaud.
Antes de suicidarme quiero que se me asegure que así será, querría estar seguro de la muerte. La vida sólo se me aparece como un consentimiento a la legibilidad ilusoria de las cosas y a su vínculo con la mente. Ya no me siento como la encrucijada irreductible de las cosas, la muerte que cura, cura desligándonos de la naturaleza, pero ¿y si no fuera más que una suma de dolores donde no ocurren cosas? Si me mato, no será para destruirme, sino para reconstituirme; el suicidio no será para mí más que un medio de reconquistarme violentamente , de hacer brutalmente irrupción en mi ser, de dejar atrás el incierto avance de Dios. Por medio del suicidio, reintroduzco mi diseño en la naturaleza, doy por primera vez a las cosas la forma de mi voluntad. Me libero del condicionamiento de mis órganos, tan mal adaptados a mi yo, y para mí la vida deja de ser un azar absurdo donde pienso lo que me dan a pensar. Elijo entonces mi pensamiento y la dirección de mis fuerzas, de mis tendencias, de mi realidad. Me coloco entre lo bello y lo feo, lo bueno y lo maligno. Me quedo suspendido, sin inclinación, neutro, presa del equilibrio de las buenas y las malas peticiones.
Porque la vida en sí misma no es una solución, la vida no tiene ninguna clase de existencia elegida, consentida, determinada. No es más que una serie de apetitos y de fuerzas adversas, de pequeñas contradicciones que alcanzan su fin o abortan siguiendo las circunstancias de un azar odioso. El mal, como el genio, como la locura, se encuentra instalado de manera desigual en cada hombre. Tanto el bien como el mal son el producto de las circunstancias y de un sentimiento que se potencia hacia algo más o menos activo.
Es ciertamente abyecto ser creado, vivir y sentirse irreductiblemente determinado hasta en los menores reductos, hasta en las ramificaciones más impensadas de su ser. Después de todo no somos más que árboles y probablemente esté inscripto en un recodo cualquiera del árbol de mi raza que algún día me mataré.
La idea misma de la libertad del suicidio cae como un árbol talado. No soy el creador del tiempo, ni del lugar, ni de las circunstancias de mi suicidio. Ni siquiera doy origen al pensamiento, ¿sentiré la arrancadura?
Puede que en ese instante mi ser se disuelva, pero si permanece entero, ¿cómo reaccionarán mis órganos arruinados, con qué órganos imposibles registraré yo el desgarramiento?
Siento la muerte sobre mí como un torrente, como el sacudón instantáneo de un rayo del que no alcanzo a imaginar la capacidad . Siento la muerte cargada de delicias, de dédalos en remolino. ¿Dónde está, en esto, el pensamiento de mi ser?
Pero he aquí de pronto a Dios como un puño, como una guadaña de luz cortante. Me he separado violentamente de la vida, ¡quise remontar mi destino!
Dispuso de mí hasta el absurdo, este Dios; me ha mantenido vivo en un vacío de negaciones, de encarnizados renegares de mí mismo, ha destruido en mí hasta los menores empujes de vida pensante, de vida sentida. Me redujo a ser como un autómata que camina, pero un autómata que sintiera la ruptura de su inconsciencia.
Y he aquí que quise dar pruebas de mi vida, que quise unirme a la resonante realidad de las cosas, que quise romper mi fatalidad.
¿Y qué dice Dios?
Yo no sentía ni la vida, la circulación de toda idea moral era para mí como un río reseco. La vida no era para mí un objeto, una forma; había devenido una serie de razonamientos. Pero razonamientos que daban vueltas en el vacío, razonamientos que no daban vueltas, que estaban en mí como esquemas posibles que mi voluntad no llega a fijar.
Para llegar al estado de suicidio, necesito el retorno de mi yo, necesito el libre juego de todas las articulaciones de mi ser. Dios me colocó en la desesperación como en una constelación de callejones sin salida cuya iluminación conduce hasta mí. No puedo ni morir, ni vivir, ni desear morir o vivir. Y todos los hombres son como yo.
lunes, 10 de enero de 2011
Desde el sexto piso: Michelstaedter.
Beredt wird einer nicho
durch fremder Reden Macht,
ist nicht sein eigen Geist
zur Redlichkeit gebracht.
[No se vuelve uno elocuente por la fuerza de las palabras ajenas si su propio espíritu no está inclinado a la honestidad]
El dolor habla.
Quien quiere con fuerza su vida, no se conforma, por el temor de sufrir, con un vano placer que le sirva de escudo frente al dolor.
Se espera esperando que llegará la hora de irse en mala hora para ya no esperar.
Los hombres son como aquel que sueña que se está levantando y, cuando se da cuenta de que está todavía acostado, en lugar de levantarse se pone otra vez a soñar que se está levantando.
El hombre quiere de las otras cosas en el tiempo futuro aquello que le falta en sí: la posesión de sí mismo: más, por lo que quiere y por estar tan ocupado con el futuro, huye de sí mismo en todo presente.
Tantas cosas nos atraen en el futuro, y sin embargo, queremos poseerlas inútilmente en el presente.
*Sé que quiero y no tengo lo que quiero. Un peso pende de un gancho, y al pender sufre porque no puede bajar: no puede salir del gancho, porque lo que es peso pende y lo que pende depende.
Las lágrimas de Eros.
" La violencia nos abruma extrañamente en ambos casos, ya que lo que ocurre es extraño al orden establecido, al cual se opone esta violencia. Hay en la muerte una indecencia, distinta, sin duda alguna, de aquello que la actividad sexual tiene de incongruente. La muerte se asocia a las lágrimas, del mismo modo que en ocasiones el deseo sexual se asocia a la risa; pero la risa no es, en la medida en que parece serlo, lo opuesto a las lágrimas: tanto el objeto de la risa como el de las lágrimas se relacionan siempre con un tipo de violencia que interrumpe el curso regular, el curso habitual de las cosas. Evidentemente el torbellino sexual no nos hace llorar, pero siempre nos turba, en ocasiones nos trastorna y, una de dos: o nos hace reír o nos envuelve en la violencia del abrazo... es debido a que somos humanos y a que vivimos en la sombría perspectiva de la muerte el que conozcamos la violencia exasperada, la violencia desesperada del erotismo. "A todos esos sueños disfrazados de violencia erótica.
sábado, 8 de enero de 2011
El derecho al delirio. El derecho a soñar.
Eduardo Galeano . Derecho al delirio.
Como peces sin agua.
Y cuando escribes, escribes desde la sensación del insomnio, del no poder dormir.
No es, sin embargo, el no dormir, sino el desvelamiento mental que te produce no poder conciliar unas horas de sueño. Los fantasmas del pasado reviven los peores momentos en cada movimiento onírico que te dispones a jugar. Situaciones irreales o totalmente posibles se barajan en tu subconsciente cada vez que cierras los ojos para probar a tu suerte bajo las sábanas de cualquier cama.
Es entonces cuando abres los ojos y caes en la angustiosa cuenta de que no es real todo lo que te había estado pasando.
Que preferimos subordinar nuestra locura y dejar que la cordura flote para así evitar pensar en los límites de las cosas. El ser humano no es consciente de que la mente lo abarca todo.
Tu mente lo abarca todo.
Ser filósofo no es sólo tener pensamientos sutiles, ni siquiera fundar una escuela, sino amar la sabiduría y vivir de acuerdo con sus dictados una vida de sencillez, independencia, magnanimidad y confianza. Es resolver ciertos problemas e la vida, no sólo en la teoría, sino en la práctica
Como si pudierais matar al tiempo sin ofender a la eternidad
Nos vemos continua y sinceramente obligados a vivir, reverenciando nuestra vida y negando la posibilidad del cambio. Todo cambio es un milagro digno de contemplarse; pero un milagro es lo que tiene lugar a cada instante.
miércoles, 5 de enero de 2011
Elogio al autoengaño.

La pasión nos hace esclavos de su voluntad.
La razón no produce nuestros actos.
La razón está atada de manos frente a la pasión en el camino de la elección.
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