jueves, 26 de mayo de 2011

De locos.

La locura, cuya voz el Renacimiento ha liberado, y cuya violencia domina, va a 
ser reducida al silencio por la época clásica, mediante un extraño golpe de 
fuerza. Se sabe bien que en el siglo XVII se han creado grandes internados; en cambio, no es tan sabido que más de uno de cada cien habitantes de París, ha estado  encerrado allí, así fuera por unos meses. Desde la mitad del siglo XVII, la locura ha estado  ligada a la tierra de los internados, y al ademán que indicaba que era aquél su  sitio natural. En todo caso, no puede ser azar el hecho de que los primeros hospitales de insensatos hayan sido inundados precisamente a fines del siglo XV en España.
Si tomamos las cosas al nivel de los resultados, parece que sólo se haya hecho  una transición entre una teoría jurídica de la locura, bastante elaborada para  discernir, con ayuda de la medicina, sus límites y sus formas, y una práctica  social, casi policíaca, que la capta de una manera masiva, utiliza formas de  internamiento que ya han sido preparadas para la represión, y olvida seguir en  sus sutilezas las distinciones que se reservan por y para el arbitraje judicial.

 

martes, 24 de mayo de 2011

Las vacaciones de Hegel.


Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, naturalmente, que la fe acaba por desaparecer. El hombre, soñador sin remedio, al sentirse de día en día más descontento de su sino, examina con dolor los objetos que le han enseñado a utilizar, y que ha obtenido al través de su indiferencia o de su interés, casi siempre a través de su interés, ya que ha consentido someterse al trabajo o, por lo menos no se ha negado a aprovechar  las oportunidades... ¡Lo que él llama oportunidades! Cuando llega a este momento, el hombre es profundamente modesto: sabe cómo son las mujeres que ha poseído, sabe cómo fueron las risibles aventuras que emprendió, la riqueza y la pobreza nada le importan, y en este aspecto el hombre vuelve a ser como un 
niño recién nacido; y en cuanto se refiere a la aprobación de su conciencia moral,  reconozco que el hombre puede prescindir de ella sin grandes dificultades.  
Si le queda un poco de lucidez, no tiene más remedio que dirigir la vista hacia  atrás, hacia su infancia que siempre le parecerá maravillosa, por mucho que los cuidados de sus educadores la hayan destrozado. En la infancia la ausencia de toda norma conocida ofrece al hombre la perspectiva de múltiples vidas vividas al mismo tiempo; el hombre hace suya esta ilusión; sólo le interesa la facilidad 
momentánea, extremada, que todas las cosas ofrecen. Todas las mañanas los niños inician su camino sin inquietudes. Todo está al alcance de la mano, las  peores circunstancias materiales parecen excelentes. 
Luzca el sol o esté negro el cielo, siempre seguiremos adelante, jamás dormiremos.  

domingo, 15 de mayo de 2011

Eros se escribe con ωmega.

Se ha escrito mucho sobre el Amor, demasiado quizá, pero si tuviera que quedarme con uno de los más grandes escritos sobre el Amor y sus concepciones éste sería, sin duda alguna, El Banquete del antiguo Platón. El Banquete no sólo ofrece una nueva visión (si lo contextualizamos en la época, claro) sobre el Amor sino que también aporta distintos puntos de vista. El Amor ya no es Afrodita, es más, ésta queda reducida a la sombra de lo que Platón llamó Eros. 
El Eros es entendido por Platón como deseo, el deseo amoroso en sí. Pero no es sólo un deseo sexual o físico, para el griego no sólo va más allá de lo afrodítico sino que trasciende a la philía. 


El eros caldea el corazón, desliga los miembros, quema el alma, sacude al amante como un vendaval, y produce los más dispares efectos, según los poetas líricos; frente a él de poco vale la razón y la cordura; es invencible en la refriega e ingobernable. Induce a la manía, al delirio, cuando se desboca, según cuentan ejemplos trágicos. 


Quien mejor lo vio, sin duda, fue Foucault: más allá del encuentro con el otro, del uso del sexo y de placer, de la chresis aphrodisíon, el eros busca la verdad del alma, la trascendencia personal.
Realmente es así como debería ser el amor; tratarlo y ser tratado como si éste de verdad existiera.

viernes, 6 de mayo de 2011

Veluciferina.


Con toda la razón del mundo Goethe tildó a nuestra época con el calificativo de veluciferina. Veluciferina es un adjetivo que yuxtapone el concepto de veloz con el sustantivo de Lucifer. 

Lo que Goethe quería poner de relieve ya en su época y, sin embargo, también en la nuestra, es que vivimos rehenes de la prisa.
En la Ilustración la política todavía no vivía arrodillada ante la economía: Antes era la política la que regulaba el tempo de la economía, pero ahora, amigos míos, la mano invisible de Adam Smith ya no existe. Ciertamente, la caída del muro de Berlín fue un punto de inflexión que hay que tener también en cuenta.
Ésta época, nuestra época, es una época no sólo veluciferina, sino que, el capitalismo se ha convertido en la epifanía del espíritu.
Sí, es cierto que hay diferentes tipos de capitalismo, desde el financiero hasta el industrial, pero nos hemos dejado fascinar por el neoliberalismo y por esa mano invisible inexistente que suturaba las heridas.
Pero hace ya tiempo que la política se ausentó de la política y dejó a la economía ser la dueña de la monopoli.  
Pero esta época es la menos ilustrada de todas, ya no hay motores políticos que regulen nada y ahora sólo compramos y nos compran.
Somos yugos de la prisa: Dinero rápido, adelgazamiento rápido, sexo rápido, comida rápida, sensaciones rápidas, experiencias rápidas, amistades rápidas aquí y ahora y ya.
Éste es el tiempo líquido en el que vivimos, el culto a ciegas a la aceleración.
Ni siquiera la solución de los impuestos que propuso el genio de Sloterdijk tiene cabida en estos tiempos modernos. Si sucediera, si por un casual se diera lo que él propuso nos veríamos irremediablemente condenados a otra Revolución Francesa y a sus consecuencias, esto es, personas unilaterales y escindidas: ciudadanos pasivos y ciudadanos activos.
Y la Ilustración ya nos dejó lo bastante escindidos como para volver a ello. Además los antiguos y pasados de moda de La Escuela de Frankfurt tendrían demasiado para escribir y eso tampoco se puede permitir, que Habermas ya tiene una edad y empieza a estar enajenado.

Pero el problema de todo esto es que: Todos aquellos que no están al ritmo de la sociedad, simplemente quedan rezagados y sin resuello. Hay que vivir, pero por lo visto es más importante vivir YA y rápido, que vivir cada momento intensamente, como si del último de los momentos se tratara.
Es triste, pero es así.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Entre comillas.

Mi cabeza ha pasado a ponerte entre comillas. 
Si pudiera deletrear los fonemas que conforman tu nombre en cursiva, créeme, lo haría. Si pudiera dejar los dos hemisferios de mi cerebro en un mismo sitio, créeme, también lo haría. Pero se dibujan entre diferentes lugares y es tremendamente difícil llegar a localizarlos dentro del laberinto de mi cabeza. Ícaro ya hace tiempo que falleció y aún y así se celebra su caída cada vez que apareces danzando en mi estómago.