jueves, 29 de septiembre de 2011

Arañazos.

¿Ves esto? Son las marcas que han dejado en mi tímida esperanza. Dicen que el pasado es irredimible, que el futuro es incierto y que lo único que nos queda es el presente inmediato. 
Razón no le faltaba a Michelstaedter al hablar de persuasión como posesión absoluta de nuestro presente. Pero, realmente, ¿quién posee el presente en su absoluto? Sólo vivimos el presente por las cosas que esperamos del futuro. Al final las horas que poseemos son sólo eso: canciones repetidas una y otra vez. 
Así es como la realidad se convierte en un bucle, en una espiral de sentimientos que no son más que una pesadilla, una enfermedad del alma que acaba descubriéndose la cara como algo fisiológico. 
Sucede que cuando las velas del alma se agujerean, el barco que conforma la mente empieza a hundirse, como si realmente lo sintiera. Como si de verdad el agua llenara mis pulmones sustituyendo así el poco aire que tenía, colapsara mis fosas nasales y me dejara totalmente sin respiración. Y la voz se apaga, nadie parece oír ya los gritos que, rasgados de auxilio, quedan en bocanadas de aire mudas. Y como si el oído del mundo se hubiera quedado sordo: todo queda reducido a médanos.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Maldito.

Bajo esta costra de hueso y de piel que es mi cabeza, hay una constancia de angustias, no como algo moral, como las raciocinaciones de una naturaleza imbécilmente puntillosa o habitada por un germen de inquietudes en el sentido de su altura, sino como una (decantación)
en el interior,
como el desposeimiento de mi sustancia vital,
como la pérdida física y esencial
(quiero decir en la vecindad de la esencia)
de un sentido.

lunes, 26 de septiembre de 2011

En mayúsculas.

"¿Para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos?"

Son demasiadas las veces que empuñar un bolígrafo se convierte en deporte de alto riesgo. 
Una no sabe si va a salir ganando la batalla contra la hoja en blanco o si va a salir más rota de lo que estaba hace unas líneas atrás.
Sin embargo, demasiadas son las veces también que es lo único que queda: escribir. Escribir como si realmente fueras a traspasar el papel, escribir como si la tinta saliera de tu dedo, directamente desde el corazón, como si de verdad, lo que estás escribiendo fuera a parar el tiempo y a cambiar el mundo. Como si fuera a devolverte las  horas perdidas en las que no puedes dormir. Escribir se ha convertido en la acción que recoge los médanos de mi alma, que no son más que hojas secas de algún árbol perdido en tu cabeza. Y así me hallo, como esperando, como si el destino se hubiese olvidado de mí, como si existiese tal cosa. 
Todo es culpa de mi mente, de mis pensamientos, que son más grandes que mi cabeza y mi cabeza, que lo único que hace es robarme el tiempo de sueño, como si ésto le sirviera de algo.
Mis noches sólo pertenecen al café y al tabaco, al abismo y a la opacidad que conforma el techo de mi habitación.
Doy la batalla por perdida, mis sentimientos nietzscheanos han ganado a la razón kantiana.

"Tantas cosas nos atraen en el futuro, y sin embargo queremos poseerlas inútilmente en el presente."