He descubierto que la mitad de cosas que me pasan en la vida me dan algo más que miedo: me aterran.
Y así me descubro, como escapando de todo.
Luchar es un arte que ya hace tiempo quedó añejo. Que cada día me descubro enredada en mis sábanas, sin a penas haber dormido nada, con la cabeza llena de pesadillas y cuentos chinos de princesas que en realidad son prostitutas y de príncipes que en realidad se dedican profesionalmente a partir corazones.
Y así me descubro, como huyendo de todo, como si no supiera hacer nada mejor que huir.
Correr ha dejado de ser una metáfora, volar se ha convertido en lo imposible.
He descubierto que la vida es eso que pasa por la noche, a horas intempestivas, silenciosamente, sin darte cuenta, cuando las horas pasan y pasan, y no hay resuello. Sólo hay un monstruoso insomnio que te quema por dentro, como si de un incendio se tratara, y no queda nada de mí, nada más que un cadáver.
Y el insomnio es lo que tiene, que parece que la vida no pase, que todas las horas se descubren como iguales.
