Definitivamente: obsesionarse es la obsesión.
No es fácil despojarse de los harapos que conforman las ropas mentales de hoy en día. Me pierde perderme y, como si de escribir epopeyas se tratara, corren ríos de tinta en mi cabeza sobre el mismo tema desde hace ya algún tiempo. La inspiración, que dibujaba un camino de mi mente al bolígrafo, ahora no es más que un médano que no sobrevive a la brisa primaveral ni a las horas intempestivas.No hay resuello.
El tiempo, que para unos pasa tan rápido, para mí es un algo que no acaba de ocurrir. El tiempo ya no es el invento humano; maleable al gusto subjetivo de cualquier persona. La temporalidad se ha convertido en lo no-tangible.