lunes, 26 de septiembre de 2011

En mayúsculas.

"¿Para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos?"

Son demasiadas las veces que empuñar un bolígrafo se convierte en deporte de alto riesgo. 
Una no sabe si va a salir ganando la batalla contra la hoja en blanco o si va a salir más rota de lo que estaba hace unas líneas atrás.
Sin embargo, demasiadas son las veces también que es lo único que queda: escribir. Escribir como si realmente fueras a traspasar el papel, escribir como si la tinta saliera de tu dedo, directamente desde el corazón, como si de verdad, lo que estás escribiendo fuera a parar el tiempo y a cambiar el mundo. Como si fuera a devolverte las  horas perdidas en las que no puedes dormir. Escribir se ha convertido en la acción que recoge los médanos de mi alma, que no son más que hojas secas de algún árbol perdido en tu cabeza. Y así me hallo, como esperando, como si el destino se hubiese olvidado de mí, como si existiese tal cosa. 
Todo es culpa de mi mente, de mis pensamientos, que son más grandes que mi cabeza y mi cabeza, que lo único que hace es robarme el tiempo de sueño, como si ésto le sirviera de algo.
Mis noches sólo pertenecen al café y al tabaco, al abismo y a la opacidad que conforma el techo de mi habitación.
Doy la batalla por perdida, mis sentimientos nietzscheanos han ganado a la razón kantiana.

"Tantas cosas nos atraen en el futuro, y sin embargo queremos poseerlas inútilmente en el presente."

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