Si pudiera deletrear los fonemas que conforman tu nombre en cursiva, créeme, lo haría. Si pudiera dejar los dos hemisferios de mi cerebro en un mismo sitio, créeme, también lo haría. Pero se dibujan entre diferentes lugares y es tremendamente difícil llegar a localizarlos dentro del laberinto de mi cabeza. Ícaro ya hace tiempo que falleció y aún y así se celebra su caída cada vez que apareces danzando en mi estómago.

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