
Con toda la razón del mundo Goethe tildó a nuestra época con el calificativo de veluciferina. Veluciferina es un adjetivo que yuxtapone el concepto de veloz con el sustantivo de Lucifer.
Lo que Goethe quería poner de relieve ya en su época y, sin embargo, también en la nuestra, es que vivimos rehenes de la prisa.
En la Ilustración la política todavía no vivía arrodillada ante la economía: Antes era la política la que regulaba el tempo de la economía, pero ahora, amigos míos, la mano invisible de Adam Smith ya no existe. Ciertamente, la caída del muro de Berlín fue un punto de inflexión que hay que tener también en cuenta.
Ésta época, nuestra época, es una época no sólo veluciferina, sino que, el capitalismo se ha convertido en la epifanía del espíritu.
Sí, es cierto que hay diferentes tipos de capitalismo, desde el financiero hasta el industrial, pero nos hemos dejado fascinar por el neoliberalismo y por esa mano invisible inexistente que suturaba las heridas.
Pero hace ya tiempo que la política se ausentó de la política y dejó a la economía ser la dueña de la monopoli.
Pero esta época es la menos ilustrada de todas, ya no hay motores políticos que regulen nada y ahora sólo compramos y nos compran.
Somos yugos de la prisa: Dinero rápido, adelgazamiento rápido, sexo rápido, comida rápida, sensaciones rápidas, experiencias rápidas, amistades rápidas aquí y ahora y ya.
Éste es el tiempo líquido en el que vivimos, el culto a ciegas a la aceleración.
Ni siquiera la solución de los impuestos que propuso el genio de Sloterdijk tiene cabida en estos tiempos modernos. Si sucediera, si por un casual se diera lo que él propuso nos veríamos irremediablemente condenados a otra Revolución Francesa y a sus consecuencias, esto es, personas unilaterales y escindidas: ciudadanos pasivos y ciudadanos activos.
Y la Ilustración ya nos dejó lo bastante escindidos como para volver a ello. Además los antiguos y pasados de moda de La Escuela de Frankfurt tendrían demasiado para escribir y eso tampoco se puede permitir, que Habermas ya tiene una edad y empieza a estar enajenado.
Y la Ilustración ya nos dejó lo bastante escindidos como para volver a ello. Además los antiguos y pasados de moda de La Escuela de Frankfurt tendrían demasiado para escribir y eso tampoco se puede permitir, que Habermas ya tiene una edad y empieza a estar enajenado.
Pero el problema de todo esto es que: Todos aquellos que no están al ritmo de la sociedad, simplemente quedan rezagados y sin resuello. Hay que vivir, pero por lo visto es más importante vivir YA y rápido, que vivir cada momento intensamente, como si del último de los momentos se tratara.
Es triste, pero es así.
me ha gustado mucho esta reflexión , muchisimo .
ResponderEliminarBuena e interesante reflexión. Sigue escuchando tu tambor y camina al ritmo de la música que escuchas, aunque sea lenta y remota. Saludos!
ResponderEliminargraciaaaas :)
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