
Abráxame fuerte que ya no quedan abrazos.
Se conoce que Abraxas era el único capaz de dar el equilibrio ontológico que se daba entre las luchas continuas del mal y del bien, que conseguían, con todo éxito, desequilibrar esa balanza que conforma nuestra alma.
Quizá sea Abraxas el que ahora mismo manipula los títeres de la balanza de mi alma. No sé bien bien dónde la dejé o si alguien me la robó y luego huyó, como hace el diablo, que las roba y luego desaparece. Así eres tú. Así te veo, como un demonio.
Mientras mi balanza siga equilibrada, no habrá demonio ni deidad antigua que consiga desequilibrarla, los libros me han aportado más que cualquier cosa en todo este tiempo.
Aunque ahora no se puede hacer nada para dejar de sentirme como si fuera un receptáculo donde puedas dejar tu corazón cuando las cosas se te tuerzan. Así me hallo demasiadas veces, como un receptáculo vacío.
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