martes, 1 de febrero de 2011

El mito de Sísifo.

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta  fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el  espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos;  primeramente hay que responder. Y si es cierto, como pretende Nietzsche, que un  filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esa respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón, pero que se debe profundizar a fin de hacerlas claras para el espíritu.  Adquirimos la costumbre de vivir antes que la de pensar. Comenzar a pensar es comenzar a estar minado. La sociedad no tiene mucho que ver con estos comienzos. El gusano se halla en el corazón del hombre y en él hay que buscarlo. Este juego mortal, que lleva de la lucidez frente a la existencia a la evasión fuera de la luz, es algo que debe investigarse y comprenderse. 

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